Publicación de la ENIGH 2022: ¿somos menos pobres ahora?

Tecnópolis

Por: Luis Enrique Cruz García

Se publicó la semana pasada la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), la cual fue tema de conversación en las principales redes sociales y medios de comunicación. Por ejemplo, durante la conferencia matutina, el presidente destacó los resultados. En particular, resaltó el crecimiento en los ingresos de la parte más desfavorecida de la población, es decir, el 90% más pobre del país, o también podría expresarse como el 10% menos rico, según cómo se prefiera ver, asegurando que esto significaba una reducción de la pobreza, discurso que fue replicado por algunos periodistas e intelectuales afines al discurso oficial.

Es importante señalar que este análisis podría haber sido malinterpretado debido a la forma en que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) presenta los datos. El INEGI ajustó los valores a pesos constantes, es decir, realizó correcciones para que las comparaciones sean más precisas en términos reales. Sin embargo, existe un detalle crítico en esta corrección: no se puede aplicar de la misma manera en una encuesta de ingresos y gastos debido a que la percepción de la inflación varía según el nivel de ingresos. Por ejemplo, las personas con ingresos más bajos tienden a gastar una proporción mayor de sus ingresos en alimentos, por lo que si los precios de los alimentos suben, la inflación que perciben es mucho mayor.

En este sentido, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (CONEVAL) es el organismo responsable de calcular la pobreza y ajustar los precios de manera más precisa. El CONEVAL realiza esta corrección de dos maneras: utilizando la inflación general y la inflación de la canasta alimentaria, que es la que utiliza para medir la pobreza. Estos cálculos se presentarán en unas semanas.

Los datos actuales muestran que si consideramos la inflación general, el ingreso promedio de los mexicanos ha aumentado en un 10% entre 2018 y 2022. Sin embargo, si se utiliza el índice de precios de la canasta alimentaria, el incremento es nulo, lo que indica que el aparente aumento de ingresos podría no ser real.

Este fenómeno se explica porque, aunque los ingresos no hayan cambiado, los gastos de las personas sí se vieron afectados. El incremento en el gasto en alimentos y la disminución en la inversión en educación y esparcimiento sugieren que, en realidad, la población está experimentando una disminución en su calidad de vida. Por ejemplo, el gasto en salud ha aumentado significativamente, alrededor del 25%, lo que se atribuye en parte a problemas en el sistema de salud, mismo que ha sido destruido en esta administración, dando como resultado que las cancelaciones de compras y cambios en la estructura del sistema de salud han llevado a una pérdida de acceso a servicios médicos para millones de mexicanos.

Este contexto de cambio en los patrones de gasto sugiere que aunque el ingreso promedio no haya variado, las prioridades y necesidades de las personas han cambiado, afectando su calidad de vida en áreas como educación y esparcimiento. Por tanto, los datos de la encuesta indican que la situación no ha mejorado, lo que resalta la importancia de analizar los números con precisión antes de llegar a conclusiones apresuradas.

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